Terminada la reunión, la reina se retiró. Brujo y aprendiz fueron reconducidos hacia dos habitaciones, ubicadas en lo alto de uno de los torreones que decoraban las plantas más elevadas de palacio. Dada la problemática de extrema urgencia, Anyel había pedido a Geralt quedarse unos días a su lado, con motivo de acompañarla al Consejo de los Cuatro Reinos, en el que se procedería a exponer los inconvenientes venideros al resto de soberanos. Por ello, Nymeria se vio nuevamente, en contra de su voluntad, retenida en el interior de cuatro paredes que apestaban a lujo y superioridad.
Mientras tanto, Ermes volvía a encontrarse nuevamente en el interior de su habitación, para su descontento. Rodeado de libros, manuscritos y leyendas escritas sobre papiros, observaba el sol descender tras las colinas que se oteaban desde su ventana, anhelando una libertad que le había sido arrebatada demasiado pronto. La puerta de su dormitorio resonó tras dos leves golpes. El chico suspiró y se encaminó hacia la misma para abrirla. De entre todos quienes podían estar tras aquella, a quien menos esperaba ver era a Anyel. -Madre, pensé que ibas a descansar. Danyel me ha dicho que hoy no te encontrabas muy bien-
-¿Como va a encontrarse una madre bien cuando su hijo desaparece durante semanas?- preguntó, adentrándose en la habitación y cerrando la puerta tras su espalda. A la reina a veces le costaba mostrar superioridad ante su hijo, sobretodo porque su estatura ya era demasiado baja en comparación con la de él, lo que la hacía sentirse vieja y muda, como en aquel instante. -No he querido reprenderte más frente a Geralt porque no quiero que piense que tengo un hijo que se me va de las manos a la primera de cambio- añadió.
-Sin embargo me has abofeteado- recordó Ermes, acariciándose la mejilla.
-¿Crees que el dolor que he sentido al ver tu cama vacía es comparable al simple dolor de un bofetón?-
-Madre, lo siento... Yo no...-
-¿Lo sientes? Si verdaderamente lo sientes, empieza por decirme por qué diantres desapareciste- Anyel encaró a su hijo. Las arrugas de su piel dibujaron surcos bajo sus ojos, que aunque brillantes, denotaban un cansancio terrible.
-Yo solo quería... unos días de libertad-
-¿Libertad? ¿A caso no tienes suficiente con lo que procuro para ti? ¿No es suficiente todo lo que este palacio puede darte?- preguntó dolida.
-No... Es sólo que... Quería probar cosas, probarme a mi. Comprobar que se siente cuando no te vigilan-
-¿Quien te vigila? ¿Quien te pone cadenas en los pies?-
-No me pones cadenas, pero... A veces me siento demasiado retenido por ti, madre. Te preocupas demasiado. Soy demasiado mayor ya como para que...-
-Eres demasiado mayor como para escaparte, incumpliendo tus obligaciones como heredero- Anyel le señaló con el dedo -He hecho todo lo que me has pedido. Te he apartado de la linea sucesoria, aun cuando los tres reyes de los restantes reinos han puesto la crítica sobre mis hombros por enaltecer la rebeldía de sus propios hijos. Te he apartado de las celebraciones políticas que tanto odias. ¡Te regalé un barco en tu último cumpleaños para que recorrieses la bahía! ¡¿Qué mas quieres?!- tras gritar, Anyel comenzó a toser de forma violenta. Se dobló sobre si misma, acabando sentada sobre el camastro de su hijo. Cuando el ataque de tos cesó, encontró pequeñas gotas de sangre en la palma de su mano, que anteriormente había colocado en su boca. Apartó la mano rápidamente y la escondió sobre el regazo. Sin embargo, Ermes pudo ver lo que su madre ocultaba antes de que ésta pudiese evitarlo.
-Lo siento, madre... Se que no soy como mis hermanos. Te estoy dando demasiados problemas-
-No quiero que te compares con tus hermanos. Sois distintos los tres. Mis tres soles. Me deprimiría si os enfrentaseis por envidia o celos. No os he criado para que os comparéis. Os quiero tal y como sois. Te quiero tal y como eres, Ermes- Anyel extendió su mano limpia hasta tomar la de su hijo, obligándole a sentarse a su lado. -Pero por favor... no me tortures más- la reina no pudo evitar que sus ojos se humedecieran, y que de los mismos brotasen lágrimas. Ermes sintió sobre él la pesada carga de la culpa.
-Madre-
-Escúchame- Anyel sollozó -No quiero morirme pensando que mi hijo no es responsable, capaz de dejar sólo a su padre y sus hermanos cuando éstos le necesiten- explicó, tomándole el rostro con ambas manos -No quiero pensar que te vas a marchar... No quiero-
-No digas esas cosas. No te vas a morir-
-Lo haré algún día, antes que tú- respondió de forma cortante -Y necesito irme con la conciencia tranquila, sabiendo que mis hijos sabrán gobernar, cada uno bajo su propio criterio, las tierras por las que tantas personas antes se han sacrificado. ¿Es necesario que vuelva a contarte la historia? ¿Quieres que vuelva a hablarte de Arisen y de Ryder? ¿De Bryenna y Kessel? ¿Vuelvo a hablarte de tu abuelo Harrim o tu abuelo Ermes? ¿Quieres que te repita la historia de Thorren, quien asesinó a centenas de personas durante años?-
-No, madre...-
-Sé que sabes esas historias. Incluso Geralt estuvo en ellas. Así que honra la tierra que pisas, Ermes. Luché para que tu hoy camines tranquilo... No me falles. No me falles tu también- aquella última palabra hizo que el chico sintiese un profundo pellizco en el corazón. Sin embargo, no se atrevió a hablar. No había lugar para las quejas ni para los reproches. Su madre tenía toda la razón. Por ello, Anyel le abrazó y besó la frente, sin apartarse de él un instante. -Ojalá volvieses a ser pequeño... Me encantaba tenerte entre mis brazos mientras dormías- el tono de voz de la reina cambió completamente.
-No empieces-
-Eras tan llorón... pero tan guapo-
-Madre...-
-Por cierto ¿Por qué te llevas tan mal con esa chica? Nymeria-
-Que no empieces...-
Mientras madre e hijo hablaban, brujo y aprendiz calentaban sus extremidades frente a la chimenea de un enorme salón. Geralt había tomado un baño caliente tras tantos días sin hacerlo. Había comido y había descansado. Nymeria, por su parte, no aceptó ningún servicio de todos cuanto Danyel y Anyel dispusieron para ella. Por ello, mostraba un rostro serio y cansado, aun cuando no dejaba de pensar en que la comodidad de palacio era demasiado buena. -¿Has cambiado de idea?- preguntó el brujo.
-En absoluto-
-Tendrás que admitir que no es cuanto imaginabas-
-Es cuanto imaginaba- refunfuñó la chica
-Eres demasiado mentirosa, Nym- sonrió el brujo -En cualquier caso, tendrás más tiempo para conocerla durante el viaje- añadió.
-¿A donde vamos?-
-Anyel me ha explicado antes de marcharse, que el Consejo se reúne respetando un orden de turnos, para no perjudicar en cuanto a traslados se refiere a los soberanos más envejecidos. Esta vez deben reunirse en Arabas. Partiremos en dos días.-
-¿Arabas? ¿Vamos a ir otra vez a Arabas?-
-Así es- asintió
-Voy a ponerme enferma con tantos cambios de temperatura... ¿Es realmente necesario que vayamos con ella?-
-La reina quiere que explique lo que he oído y sentido al resto de soberanos. Debo respetar su decisión, sobretodo cuando sólo yo podré solventar las cuestiones que suscite la reunión. Además, en cualquier caso, necesitamos movernos. Tu entrenamiento aún no ha concluido, jovencita-
-¿Tan terrible es?- preguntó Nymeria sin rodeos -¿Es peligroso eso que has sentido?-
-Demasiado...- los ojos de Geralt parecieron perderse en las llamas de la chimenea -Viento de Dragones...-
-¿Y como lo has sentido?-
-Es un simple susurro, una advertencia. Cuando tus sentidos esten alerta, cuando consigas percibir todo cuanto te rodea, lo entenderás- explicó -Sin embargo, aunque aun no seas capaz, no deberías de bajar la guardia. Si lo que siento es real, el problema es terrible. Imagina los pueblos, las ciudades... asediadas por docenas y docenas de criaturas que escupen fuego, que asesinan, que destruyen todo a su paso... durante todo un Invierno Negro- Nymeria mantuvo silencio mientras le oía hablar -Los pequeños wyverns a veces parecían inofensivos- recordó -A veces aparecían otros más grandes- añadió -Pero el temor, el peligro, el horror... no sabría explicarte con palabras lo que se sentía. Menos aún cuando la inquietud de que aparezca algo más grande siempre acecha-
-¿Algo más grande? ¿Te refieres a un dragón de verdad?- preguntó la chica. El brujo simplemente la miró, acomodándose en el sillón sobre el que ambos se sentaban -Pero... los dragones no...- antes de que la chica pudiese acabar la frase, un sirviente de palacio apareció en la sala para informar de que la cena sería servida en breve, la cual sería compartida con la familia real. Geralt se puso en pie al instante, dejando a la chica con la pregunta en los labios y un sin fin de dudas sobre la cabeza.
Anyel no apareció en la cena. Según el rey, se encontraba algo indispuesta, y en pos de mantener un viaje próximo hacia Arabas de lo más llevadero y tranquilo, había decidido empezar a descansar. A Nymeria no le importó, pues estaba demasiado centrada en contemplar la cantidad ingente de comida que había sobre la gran mesa del comedor. Pollo asado, pescado salado, pudin, enormes hogazas de pan, vino oloroso, sopa de marisco y postre. Mentiría si dijese que la boca no se le hizo agua cuando tomó asiento y los distintos olores inundaron sus sentidos. Sin embargo, maldecía todo cuanto contemplaba. Había tantas personas pasando hambre en los Cuatro Reinos... Ella misma fue pobre una vez, de forma que le parecía hipócrita y déspota que solo los nobles degustasen un banquete así.
-¿Nymeria?- preguntó Geralt.
-¿Se encuentra bien tu aprendiz?- Danyel, en un intento de que todos disfrutasen, no podía evitar observar el rostro de los invitados.
-Perfectamente- gruñó la chica.
-Es su cara por defecto, Danyel- explicó Ermes, quien se había sentado frente a ella. -No es agradable-
-¡Ermes!-
-Disculpala, Danyel- murmuró Geralt, reclinándose hasta estar más cerca del rey -Tu chico y ella no se llevan bien. Y he de decir que ella no se queja querer, además de que guarda sus... pequeños pensamientos para con la corona- confesó.
-Oh, no hay problema en ello. Anyel y yo damos audiencia semanalmente a un sin fin de personas en desacuerdo con nosotros. Intentamos siempre procurar la mayor armonía posible, pero no somos perfectos. Sabemos que aun quedan demasiados problemas por resolver, tanto en Tremeren como en los otros reinos. Treinta años no ha sido tiempo suficiente como para enmendar cada error... y me culpo por no ser lo suficientemente competente para la labor que me ocupa- explicó en voz elevada, para que Nymeria le escuchase. Sin embargo, éste no le dirigió la mirada un solo instante.
-Mejor déjala... De verdad que es una mujer difícil- explicó de nuevo Geralt.
-No se a quien me recuerda- Danyel miró de reojo a su hijastro.
Justo antes de que comenzasen a cenar, los pasos acelerados y livianos que se dirigían a toda prisa hacia el comedor distrajeron a todos los presentes. Un chico joven, de cabello corto y flequillo arremolinado sobre la frentre, se aferró al marco de la puerta para poder tomar algo de aire -Siento muchísimo llegar tarde, padre. De veras que lo siento. El caballo se encabritó y... ¡Ermes!- cuando el chico contempló al heredero sentado frente a la mesa, compuso un rostro alegre y juvenil. Su cara clara y tersa, lampiña, le hacía ver mucho más joven de lo que realmente parecía que era. -Ermes ¿Donde estabas? He estado preocupado- añadió.
-Deckard, cuida tus modales. Hay invitados- dijo el rey con tono serio. Al decir aquello, el chico se irguió como un resorte, apurado por faltar el respeto o parecer corto de educación.
-Mis mas sinceras disculpas- dijo, para después inclinarse. Geralt se puso en pie de inmediato. -Bienvenidos seáis todos a mi casa. Madre me ha dicho que sois buenos amigos de ella. Todo cuanto necesitéis, está a vuestra entera disposición- concluyó, haciendo un alarde de oratoria impecable.
-Un placer, Deckard- Geralt inclinó la cabeza -Me alegro muchísimo de conoceros-
-No tenéis que guardarme cortesía, por favor. No soy ningún rey-
-Aún- añadió Danyel. Nymeria alzó una ceja. ¿A caso ese muchacho tan educado y Ermes eran hermanos? No lo parecía.
-En cualquier caso, os pido que me tratéis como un igual- repitió. Después, reparó en la chica. La mujer y el príncipe se miraron durante un segundo. La conexión visual se vio interrumpida cuando el joven se acercó a ella. Nymeria se puso en pie, casi por inercia. Y el chico, por su parte, terminó por tomarle la mano con suma delicadeza. Por alguna razón, la aprendiz se sintió intimidada por el chico. Las mejillas le ardían, sintiendo una irrefrenable vergüenza -Es todo un honor, señorita- murmuró el príncipe, para quitarle el guante que la chica siempre vestía con la intención de darle un beso sobre el dorso de la mano. Sin embargo, no llegó a realizar tal acción, pues se detuvo a contemplar como a la chica le faltaban dos dedos de la mano izquierda. Nymeria, por su parte, se tensó al comprobar que no pudo detenerle. Apartó la mano y le arrebató el guante al príncipe con suma violencia.
-Idiota- llegó a pronunciar con rabia y vergüenza, justo antes de marcharse del comedor. Deckard la contempló marchar, atónito.
-¿He hecho algo mal?- preguntó al resto. Geralt sonrió con ternura.
-De tal palo...- pronunció el brujo mirando a su rey. Aquella iba a ser una cena de lo más peculiar.
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