lunes, 9 de julio de 2018

Comenzaron el viaje al paso, sin prisas, pues la ventisca nada permitía y menos aún tener una vista clara del camino. Ermes tomó la decisión, obvia según el brujo, de cabalgar con én el lugar de Nymeria, dada la pequeña tensión que había entre ambos tras lo sucedido anteriormente, cuando ella tuvo la feliz idea de apresarlo y tratar de entregarlo a la guardia a cambio de una recompensa. De ese modo los tres avanzaban lo más cubiertos posible del inclemente temporal, que no hacía más que empeorar conforme pasaban los minutos. A Geralt eso le daba mala espina -Mucho me temo que vamos a tener que buscar refugio cerca dentro de poco- musitó, cubriéndose la cabeza con una capucha de su capa de piel blanca -No vamos a llegar lejos. Los caballos ni siquiera caminan con decisión- y bien cierto era, pues su montura no dejaba de cabecear y resoplar con molestia. Sus pezuñas se hundían más y más en la cada vez más espesa nieve y el viento helado, acompañado por copos y cristales níveos, le secaban los ojos y le hacían daño en la piel, así como a los humanos. Ermes se miraba las manos de forma constante, en las que se le abrían grietas y le empezaban a doler músculos y huesos debido al frío -He de decir- apuntó Geralt al percibir el movimiento de Ermes a sus espaldas -Que has sido doblemente tonto al salir del castillo de esa forma. Primero, porque te convertiste en un fugitivo a ojos de la guardia y te buscan como un criminal. Segundo, porque saliste sin una previsión del clima... y eso que has viajado al norte del norte-
-Soy mayorcito para estar recibiendo sermones ¿sabes?- contestó Ermes de mala gana, aunque sin demasiados ánimos por el terrible frío de la ventisca
-Pues espero que te comportes como tal, muchacho- concluyó Geralt.

Se hizo un largo silencio mientras avanzaban sin descanso, afilando la mirada por si percibían en mitad de la ventisca algún lugar en el que guarecerse. A esas alturas, el mundo parecía un simple lienzo blanco en el que nada se divisaba con facilidad. Hasta los árboles se tornaban invisibles a pocos metros de distancia. Los caballos estaban cada vez más y más incómodos -¿Y a ella qué le pasa?- preguntó Ermes de pronto, ya tiritando -Está callada como una muerta. Monta cabizbaja y silenciosa
-Suele sucederle- dijo Geralt echándole un vistazo a su alumna -Sus pesadillas son agotadoras, no descansa bien, se le acumula el sueño. Se queda débil como si tuviese unas grandes fiebres...- suspiró -De momento sólo podemos esperar a que se recomponga-
-Me dijo que era bruja ¿No puede tomarse unas pócimas mágicas de esas?-
-¿Ella bruja?- Geralt bufó -Ay, esta chica tiene mucho que aprender... pero principalmente, a callar la boca-
-¿No lo es?-
-En absoluto. Es mi alumna, está aprendiendo. Sabe hacer preparados pero no es una bruja completa-
-Habláis como si no os oyera...- dijo por fin aunque de forma casi imperceptible por el viento que silbaba en los oídos de la compañía
-No es algo que deba ofenderte Nymeria, es la realidad. No puedes proclamarte bruja cuando no lo eres aún-
-¿Y tú? ¿No le puedes dar una pócima tú? Si eres su maestro, tú sí debes ser un brujo bien formado-
- No es tan sencillo- gruñó -De verdad que tengo mucho que hablar con Anyel... sobre lo poco que le ha contado a su hijo...- masculló de mala gana, como un viejo gruñón.

Al cabo de no mucho tiempo, los caballos se detuvieron y comenzaron a encabritarse -Soooo, soooo, caballo- clamó Geralt, tratando de mantener estable al corcel -Quieto, pequeño. Calma, calma- le acarició el pelaje con suavidad
-La tormenta no amaina- dijo Ermes mirando a todas partes -Y sólo veo árboles. Creo que hemos herrado el camino- Geralt miró por su parte también en varias direcciones
-Creo que tienes razón. No he visto el río en todo el camino-
-Geralt...- la voz de Nymeria llamó la atención de ambos -¿Lo has oído?-
-¿El qué?- los caballos volvieron a agitarse -¡Quieto, calma!-
-Hay... algo- Nymeria trataba de calmar también a su montura, pero estaba demasiado débil como para forcejear
-Ya basta, suficiente- Geralt alzó una mano y hechizó a ambos caballos de forma sencilla, de forma que se volvieron dóciles y pasmados como si se hubiesen quedado sin alma -Tienes razón, Nym. Los animales están demasiado nerviosos-
-Pero no veo nada...- la chica afilada la mirada -Ni huelo, ni...- entonces volteó la cabeza con velocidad hacia su espalda. Geralt, por su parte, hizo lo mismo hacia otra dirección
-¿Estamos rodeados?- Ermes buscaba también la procedencia de aquel extraño sonido gutural
-No...- Geralt echó mano lentamente a la espada que llevaba en su espalda -Algo nos está acechando...- dijo en baja voz -Nymeria, no te separes de mí. No estás en condiciones-
-Podré apañármelas- desenfundó ambas dagas que llevaba a los muslos y se puso en guardia
-Toma- Geralt ofreció a Ermes su otra espada, la cual llevaba colgando del lomo del caballo -¿Sabes usarla?-
-He tenido buenos maestros- dijo Ermes sopesando el peso del arma
-Me muero de curiosidad por saber quienes...- sonrió el brujo un instante, pensando en los nombres obvios del rey y la reina
-¡Allí!- gritó Nymeria de pronto, interrumpiendo la conversación de los hombres. Con suma determinación, pese a su debilidad, lanzó una de las dagas con fuerza hacia un punto concreto. Entonces, se oyó un sonoro rugido que incluso opacó el tronar del viento
-¿¡Qué has hecho!?- rugió Geralt
-¡He creido verlo!-
-¡No sabes a qué te enfrentas, niña! ¡Deja de ser tan temeraria, maldita sea!- y todo empeoró a partir de ahí, como el brujo temió. El viento de la ventisca cambió de forma abrupta y con una fuerza paranormal. Tal fue que los jinetes cayeron de los caballos de bruces a la helada nieve y los animales se encabritaron nuevamente, echando a correr pese al hechizo de Geralt -¡No, maldita sea!- alzó la mano en dirección a las bestias tratando de calmarlas, pero era imposible. El brujo percibía que en la propia ventisca había esencia mágica -Esto no es natural...- reflexionó
-No me jodas...- dijo Ermes poniéndose en pie, blandiendo la espada -¿Te ha hecho falta caer del caballo para saber que las ventiscas de Tremeren no son tan amenazadoras?-
-Si tal listo eres podrías haberlo dicho antes- terció Nymeria poníendose en pie, preparada con la daga que le restaba
-Esperaba a vuestras elocuentes deducciones de brujo- se mofó el príncipe
-Silencio, callaos los dos- los tres se reunieron espalda con el espalda los unos con los otros para tener cubiertas todas las direcciones y flancos posibles -¿Veis algo?- susurró Geralt. El viento soplaba con fuerza huracanada. Los cabellos del brujo y de la chica volaban con violencia sin rumbo fijo, al igual que las ropas
-Nada- dijo Ermes con los ojos entrecerrados -Me duele si me fijo demasiado. Se me secan-
-Yo tampoco...- Nymeria miraba con dificultad en derredor -No... veo...-
-¿Nym?- Geralt la miró por encima del hombro -¿Estás bien?-
-Sí, es sólo...-
-¡Cuidado!- Ermes empujó con fuerza a Geralt al ver que una sombra blanca, mucho más blanca que la pantalla de la ventisca, se cernía sobre el brujo a toda velocidad. Era enorme, mucho más grande que un caballo. El brujo cayó abruptamente a la nieve y Ermes apenas alcanzó a comprobar a la bestia nívea y de ojos rojos como el fuego que caía sobre Nymeria al apartar al maestro. La chica rodó igualmente por la nieve tras ser embestida por la criatura, sin poder protegerse
-¡Nymeria!- Geralt hizo acopio de fuerzas y se levantó a toda velocidad, espada en ristre, lanzando un furioso tajo a la bestia blanca. Ermes estaba helado mirando a tan terrible magnificencia. Su aspecto general recordaba a un león con unos cuernos retorcidos que le salían de la frente. Parecían hechos de cristal o hielo endurecido. De su espalda brotaban cuatro pares de alas heladas, impregnadas de escarcha y puas gélidas. Emanaba un ambiente helado capaz de matar de frío a un Drumpa, los abominables gorilas de nieve -¡Ermes, muévete!-
-¡Cuidado de nuevo!- gritó el príncipe al ver que una de las garras casi fantasmales en la ventisca se lanzó contra el brujo. Geralt cruzó la espada entre él y las patas de la bestia, de forma que no se vió atravesado por las garras pero sí empujado con tal fuerza que se estrelló contra uno de los árboles con un espeluzante crujido. Ermes esperó que no fuesen sus huesos
-Geralt...- Nymeria trató de levantarse, de luchar, pero la criatura volvió su vista hacia ella
-¡Eh, gatito!- gritó Ermes mientras lanzaba una precisa y eficaz estocada hacia su pata trasera. La hoja de la espada penetró la dura piel de la bestia con dificultad, pero consiguió abrir una hendidura que la hizo sangrar. Ermes sonrió por un instante al ver semejante brote de líquido vital rojizo -Si sangras puedes morir...- musitó mirando a la bestia, que ahora le miraba con ojos enfurecidos y rojos como brasas ardiendo -Oh, mierda...- la criatura agitó la cola, dura como una maza de caballero, y aporreó a Ermes hasta derribarlo con una fuerza anómala. Nymeria apreció al príncipe volar como un pajarillo hasta una rama de uno de los árboles, al igual que Geralt. Ahora estaba sola frente al monstruo, que de nuevo, volvía a mirarla. La espada de Ermes seguía clavada en su poderosa pata
-Mierda...- la chica buscó de forma furiosa en su bolsita un frasco que pudiera utilizar en ese preciso momento, algo que pudiera salvarle la vida, que claramente peligraba en ese momento. Mientras buscaba, sin embargo, no se percató de lo veloz que podía ser el monstruo, que se avalanzó sobre ella de forma presta pese a su tamaño y la tomó con las fauces, aunque afortunadamente no llegó a clavarle los dientes. Le bastó agarrarla para saltar hacia la ventisca y desaparecer, separando a la chica de sus compañeros
-Nymeria...- Geralt se arrastraba por la nieve -¿¡Nymeria!?- no la veía. No la veía por ninguna parte -¡Nymeria!-
-¿Dónde está...?- Ermes apenas se podía mover -¿Qué ha pasado...?-
-¡NYMERIA!- gritaba Geralt con desesperación, sin obtener respuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario