Pasaron dos días hasta que los cuervos estuvieron de regreso. Los soberanos de Orien y Loredren ya partían de camino a Arabas, de forma que Anyel procuró que todo estuviese listo para emprender el viaje en apenas una noche. Al alba del tercer día, los caballos ya se hallaban apostados a lo largo del puente que separaba Risco Azul de la ciudad. La reina se despidió de su esposo, quien se quedaría custodiando palacio y haciendo frente a las demandas que su cargo entrañaban. Y, de esa manera, el viaje dio comienzo.
Aprendiz y brujo cabalgaban con tranquilidad, dejando atrás la ciudad y custodiando el carro real bajo el que Anyel se resguardaba. Era precioso. Una suerte de carroza completamente cubierta y decorada con motivos dorados, que brillaban solo en aquellas ocasiones en las que el sol se dejaba ver entre las nubes, las cuales aun eran pocas. La belleza de aquel coche real abstraía a Nymeria, que continuaba la marcha con rostro aburrido y apagado. -¿Todo bien?- preguntó Geralt.
-Sí- dijo simplemente la chica, quien no tuvo más que añadir. Agarró las riendas de la montura con decisión, pasando a otear el horizonte. Aun las nubes blanquecinas y la nieve componían el límite que alcanzaba su vista. Pero en algunos días, algunas semanas, comenzaría a ver la hierba verde salpicada de flores y el cielo azul despejado, propios del centro del continente. Como lo echaba de menos...
-He tomado unas cuantas cosas antes de marcharnos. Algunas las he comprado y otras nos las ha procurado Anyel. Ten- El brujo extendió su mano tras extraer un saco de uno de sus bolsos -La mayoría las conoces. Otras aún no, de forma que el viaje será entretenido para ti- Cuando Nymeria abrió la bolsa, encontró docenas de frascos de todos los tamaños y colores. Suspiró aliviada al sentirse de nuevo respaldada de las capacidades ofensivas y defenisvas que la magia le procuraba.
-¿Vas a enseñarme a utilizar más?- preguntó sorprendida.
-¿A caso pensabas que durante todo el viaje tu única tarea sería acompañarme?- sonrió el brujo -En absoluto. Si mis pesquisas son ciertas y en el Consejo se establece una alarma... más te vale aprender todo lo que te enseñe ¿Está claro?-
-Sí, maestro- asintió la chica con ilusión. Para ella, la magia lo era todo. Sentirse de nuevo útil y entrenada, era cuanto menos reconfortante. Guardó el saco en su propio bolso, para después cerrarlo con seguridad y evitar que algún frasco se perdiese.
-¿Y yo podré aprender también?- Una voz masculina resonó a la derecha de la chica, una voz demasiado familiar. Cuando Nymeria volvió el rostro, se encontró con Ermes, cabalgando sobre su propio caballo pero encapuchado por completo. No le había reconocido hasta ese momento.
-¿Qué haces tú aquí?- preguntó la chica con el ceño fruncido -¿Otra vez desobedeciendo a tu madre?-
-En absoluto. Cuento con todos los permisos para estar aquí. Además, creo que tengo derecho a saber qué ocurre si el problema que vamos a tratar concierne a mi madre, al hombre que una vez amó y a todo el reino- se defendió. Geralt le observó distraído. Si bien hasta ahora había encontrado en el príncipe un sin fin de gestos y actitudes que le recordaban al desaparecido Garland, aquella forma de hablar y de dirigirse a su aprendiz, era totalmente heredado de su reina. -Si te molesta, puedes irte-
-Yo no me voy a ningún lado-
-Yo tampoco. Así que... se puede decir que somos compañeros ¿No?- Nymeria se obligó a poner los ojos en blanco e ignorar al muchacho. Con cara divertida, el brujo zarandeó las riendas y cabalgó a un paso más ligero, haciendo que la pareja se quedase atrás. Cuando pasó junto al carro de Anyel, encontró a ésta husmeando por la ventanilla con una sonrisa en los labios.
La noche cayó antes de lo esperando, haciendo que toda la caravana hiciese un alto en mitad del camino. Estaban lejos de Fuerte Albor, pero aún quedaban kilómetros por recorrer hasta salir por completo de Tremeren. Debían estirar las piernas, alimentarse y descansar. Los soldados sacaron de sus alforjas piezas de carne y verdura que asaron sobre distintas fogatas que, además, servirían para dar calor en aquella noche tan helada. El alimento fue repartido entre todos, incluida la reina. Geralt tomó un cuenco de cerámica que un soldado le cedió para introducir la comida en él. Danyel le había pedido que cuidase de su esposa, de manera que no podía faltar a su palabra. -Llévale ésto a Anyel- el brujo sobresaltó a la chica, a quien le pesaban los párpados a aquellas horas.
-¿Qué? ¿Por qué yo?- gruñó la chica.
-No me contraríes, Nym. Llévaselo-
-¡Geralt!-
-Nym...- aquella vez, la voz del brujo sonó más gutural y pesada de lo normal. Nymeria lo tomó como una advertencia, de forma que tomó el cuenco a regañadientes y se dirigió con él hacia el carro.
La chica tragó saliva antes de golpear la puerta con los nudillos. Pensaba que ya había tenido suficiente con tratar con el rey y sus dos hijos, como para tener que ofrecer comida a la reina de Tremeren. Se odiaba por ello. Sentía su orgullo y su moralidad mancillados. Mas cuando la reina abrió la pequeña puerta y miró a los ojos a la chica, aquellos sentimientos se vieron despedidos para dar paso, nuevamente, a una sensación de envidia y celos. -Yo... traigo comida- explicó Nymeria, evitando mantener el contacto con la reina.
-Muchas gracias. Estaba ya hambrienta- explicó la mujer, tomando con ambas manos el cazo y regresando a su asiento. La aprendiz estuvo a punto de irse -¿Por que no me acompañas?- Nymeria quiso negarse, dar una excusa, por muy estúpida que sonase, pero no pudo -Por favor...- La chica suspiró y terminó por subir al vehículo. Tomó asiento frente a la mujer, y ésta, cerró la puerta. -Por fin compañía. Llevaba todo el día sin hablar ¿Alguna vez has pasado un día entero sin hablar? Sientes que vas a tragarte tu propia lengua- bufó. Aquella retahíla de palabras pronunciadas bajo confianza y con un tono de voz absolutamente amigable, hizo que la chica abriese los ojos como platos.
-Vuestro hijo está aquí. Podríais hablar con él- musitó. Por alguna razón, con la reina no se atrevía a comportarse de forma borde y maleducada.
-¿Mi hijo? Es imposible hablar con Ermes. Mantener una conversación fluida con él es... muy complicado- afirmó. -Siempre con la cabeza en las nubes, siempre con sus planes. Tan cerca y tan lejos a la vez. A veces deseo que ponga los pies un poco en la tierra- refunfuñó la mujer mientras empezaba a comer -Disculpale si en algún momento te ha molestado-
-No me ha molestado- mintió la chica. Anyel sonrió ante aquella afirmación.
-Me alegra oír eso. Nymeria ¿No es cierto?- la aprendiz asintió -Siento no haber hablado contigo hasta ahora. A veces estoy tan ocupada... De haber sabido que vendríais, hubiese dispuesto todo palacio para vosotros. Claro que no imaginaba las nuevas que Geralt traía consigo...-
-No pasa nada- Nymeria alzó la vista, atreviéndose a mirar a la mujer. Era preciosa, a pesar de la edad.
-¿Has estado antes en Arabas?-
-Sí, majestad-
-Oh, claro. ¡Que pregunta la mía! Geralt me ha dicho que lleva muchos años contigo. Habréis viajado por todo el continente, me imagino- comentó la reina con interés -¿Como está todo por ahí? Hace tantos años que no viajo...-
-Bien, supongo-
-¿Y que te enseña Geralt? ¿Has aprendido a hacer pociones? Recuerdo una vez, antes de la guerra... Yo estaba en palacio, cautiva. Las pociones de Geralt hicieron que no muriese demasiado joven. Le pregunté como las hacía, pero no me quiso responder- recordó.
-Yo no se hacerlas todas... aún. Él no explica más de lo necesario-
-¡Propio de Geralt!- sonrió -Es un hombre magnífico y un gran amigo. Pero bueno, no estamos aquí para hablar de él. Háblame de ti- Nymeria dio un respingo sobre el asiento.
-¿De mi? No puedo decir nada interesante-
-Algo habrá-
-De verdad que no... ¿Que puede tener de interesante una chica que vagaba por las calles en búsqueda de comida, huérfana y desamparada? Sólo trabajo, aprendo de Geralt y nada más...-
-A veces las historias mas interesantes surgen de las personas más inesperadas- sonrió la mujer
-Lo siento si no soy buena compañía. Creo que estaríais mejor sola- replicó la aprendiz, intentando ponerse en pie.
-Espera, espera. No te vayas por favor. No puedo dormir...- rió la mujer rascándose la nuca -Sólo pido un poquito de compañía. Y aquí solo hay hombres... Quiero hablar con una mujer-
-No se hablar de ropa, maquillaje y comodidades-
-No quiero que hablemos de eso... Me contento con tenerte aquí- confesó la mujer. Extendió la mano hasta tomar la mejilla de la chica -Me recuerdas a mi, hace mucho años. Yo estaba tan perdida...- Nymeria apartó el rostro.
-No creo que se me pueda comparar-
-Cuando era joven no tenía nada más que la compañía de un hombre al que identificaba a veces como mi propio padre. Vivía en el bosque, cazaba para comer y aprendía de todos los valores cuantos él pudiera enseñarme. Claro que después conocí a un hombre... y mi vida empezó a torcerse. De alguna forma, creo que sí podemos compararnos- La chica oyó atenta aquel pequeño relato. Se sonrojó, sintiéndose avergonzada. -Nymeria... ¿Tú y Ermes os lleváis bien?-
-Yo...- Nymeria tragó saliva -Realmente no- confesó, mordiéndose el labio. Se había puesto nerviosa ante una pregunta tan repentina. Quiso oír la replica de la reina, al menos para entender por qué sentía tal curiosidad. Sin embargo, ésta comenzó a toser de manera violenta y descontrolada. Por un momento la chica no hizo nada, pero después se inclinó hacia la reina al comprobar que el ataque estaba siendo de lo más incómodo. Poco a poco, la reina se repuso, con rostro triste y apagado, incomparable al que había tenido hacía unos instantes.
-Se que es mayor. Es un hombre adulto que puede hacer lo que quiera con su vida. Yo ni si quiera tendría por qué decirle las cosas que le digo, pero... me aterra la idea de que éste solo- explicó, aún tomando aire para calmarse -Nunca ha tenido amigos. Que yo sepa... tampoco amantes. No quiero que su única compañía sean sus pensamientos, los cuales puedan llevarle a... a hacer algo que no debiese hacer- Anyel reprimió las palabras. Nymeria notó como calló algo que estuvo a punto de decir -Es un buen hombre...- terminó por decir. La aprendiz se mantuvo en silencio hasta que la reina cambió de conversación nuevamente. Las estrellas brillaban ocultas tras las nubes mientras ambas mujeres continuaron charlando en voz baja, en una noche tan tranquila como aquella.
La claridad del sol comenzaba a dibujarse lentamente en el firmamento. Los ronquidos de todos cuantos dormían en el interior de sus tiendas, en mitad del camino, eclipsaban cualquier sonido de la propia naturaleza. Sin embargo, en la tienda de Geralt, todo se agitaba. Nymeria convulsionaba, sumida en sueños y empapada en sudor. Le faltaba aire y apenas podía respirar, aún en su inconsciencia. El brujo intentaba aplacar aquellas sensaciones mientras posaba su mano desenguantada sobre la frente de la chica. No le hizo falta mirar a su derecha para saber que Anyel les observaba desde una distancia prudente. Por un momento se sorprendió, pero luego reflexionó. Casi olvidaba que toda ella era pura magia. -¿Que le ocurre?-
-Ésta enferma-
-Pero esa no es una enfermedad normal-
-No... ella se muere-
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