miércoles, 4 de julio de 2018

La chica comenzó a dibujar formar amorfas sobre la nieve con la punta de su bota mientras esperaba, de brazos cruzados, la aparición de su maestro. Sentada sobre un pedazo de tronco de abeto viejo y destartalado, se inclinaba de vez en cuando hacia delante, deseosa de que las brasas de la hoguera que hacía poco había encendido llenasen de calidez su tembloroso cuerpo.
Invierno Negro. 

Nymeria odiaba el Invierno Negro. Por supuesto, el Invierno Blanco de Tremeren no era ni mucho menos la estación más deseada, pero sin lugar a dudas no nevaba tanto ni hacía tanto frío como en aquella maldita estación. La chica estornudó y luego se frotó los brazos tras sentir un enorme escalofrío. -Maldita sea...- con la punta de la bota levantó una porción de nieve, la cual arrojó a pocos metros. -No duermas hasta que yo no haya aparecido, Nym. Tienes que esperarme, Nym- recitó, imitando una voz sucia y bronca con cierto rintintín. -Maldito brujo...- terminó por decir, abrigándose tanto como pudo bajo su capa de piel oscura. Los ojos le pesaban y sus sentidos empezaban a calmarse. Si aquello era otra prueba... la chica empezaba a pensar en abandonarle.

Geralt apareció una hora después, caminando a paso ligero y llevando de las riendas a su montura. Nymeria arqueó una ceja al verle llegar a pie en vez de sobre el animal. Desde luego, la puntualidad no era su punto fuerte. -Me dijiste que estarías de regreso al atardecer. Me ha dado tiempo de contar seiscientas ochenta y seis estrellas desde que se ocultó el sol- le reprendió. -¿Que has traído?-
-¿Qué he traído?- repitió el brujo. La chica se puso en pie y caminó hacia el recién llegado. Examinó sus ropajes y luego, las bolsas que colgaban sobre el asiento del caballo.
-¿Y la comida?-
-¿Qué comida?-
-Pensé que habías ido al pueblo a por comida-
-La caza es responsabilidad tuya-
-No toda la carne se obtiene cazando ¿Sabes? Hay comerciantes que te la dan a cambio de unas cuantas denas-
-¿Me tomas por inculto? Se qué es un comerciante y se como funciona la compra-venta. Lo que tu no sabes, Nym, es que no tenemos esas cuantas denas-
-¿Cómo que no? Conté dieciseis de ellas en tu saco ayer- replicó, colocando las manos sobre las caderas.
-¿Has vuelto a husmear entre mis cosas?-
-Esa no es la cuestión-
-Nym...-
-La cuestión es...- La chica guardó silencio unos segundos mientras reflexionaba. Después, abrió los ojos ampliamente y terminó por hacer aspavientos con las manos -No, no. Mejor no me digas en qué te has gastado esas monedas ¿De acuerdo? No lo quiero saber- añadió, dando un par de pasos hacia atrás -¿Que vamos a hacer ahora?-
-Ya te lo he dicho. La caza es cosa tuya-
-Pues no he cazado nada-
-Pues muy mal obrado, mi querida alumna. Debes valerte por ti misma aun cuando yo esté ausente-
-Llevo valiendome por mi misma desde mucho antes de que aparecieras- murmuró la chica en voz baja, para después, desenfundar un par de dagas que guardaba en el interior de dos fundas de cuero, cada una de ellas sujetas a un muslo. 
-No te demores. Elige bien a la presa-
-Sí, sí... ya lo sé- gruñó para posteriormente marcharse del improvisado campamento que la pareja había montado aquella misma mañana. Geralt contempló el lugar en el que la silueta de su alumna había desaparecido, entre la maleza. Bufó y negó con la cabeza.

Las pisadas de Nymeria delataban sus intenciones. Las botas se hundían sobre la nieve hasta cubrir las espinillas. Cualquier animal lo suficientemente listo y cautelosos, huiría nada más oírla. Sin embargo, la aprendiz contaba con un amplio abanico de ventajas sobre su bolso. Detuvo el paso al llegar a una zona oscura y sombría, justo cuando volvió a empezar a nevar. Llevó una mano hacia el bolso de cuero para abrir la solapa y descubrir un gran numero de frascos que contenían líquidos de distinto color y espesor. Usando su tacto en vez de su vista, distinguió un frasco por su tamaño y grosor. Se lo llevó a la boca, para quitar el tapón de corcho con los dientes y beber todo su contenido con los ojos cerrados. Cuando los abrió, veía todo cuanto la rodeaba. La oscuridad de la noche había desaparecido de su vista. Ni si quiera los copos de nieve que empezaban a caer con severidad la molestaban. Percibía cada forma, cada saliente, cada movimiento. Incluso, ahora sí, podía contemplar las formas y los colores de los frascos que cargaba. Seleccionó otro, de un color liláceo y más pequeño. Se humedeció la lengua con su contenido en vez de beberlo. Había oído muchas veces de los peligros de aquella pócima después de muchos sermones de Geralt, lo suficiente como para ser ahora cautelosa. Por último, se quedó quieta. No se movió, excepto para tomar sus dagas. Su respiración se volvió inmensamente lenta, así como los latidos de su corazón redujeron su actividad. Parecía estar muerta, de no ser porque estaba de pie y alerta.

Y entonces, apareció. Un gordo y peludo bollom. Sus orejas caían pesadas a cada lado de su alargado rostro. Sus patas traseras conseguían que el animal se moviese dando saltos como si se tratase de un polluelo. No usaba sus alas, de forma que se podía deducir que no estaba alerta. Pobre. Con un rápido movimiento, Nymeria lanzó una de sus dagas, la cual atravesó de lleno el costado del animal. La nieve al rededor de la criatura se tiñó rápidamente del color de la sangre mientras ésta se revolvía de dolor en un último aliento. La chica desenterró el arma del cuerpo del animal cuando decidió moverse, acabando con su vida por completo. Lo tomó de las patas traseras, sin piedad, para volver de nuevo hacia el campamento. Si por ella fuera... no le daba ni un trozo a su maestro.

-Has tardado- alegó el brujo, refugiado bajo su capa de piel blanca, la cual empezaba a soportar demasiada cantidad de nieve.
-No es fácil cazar en mitad de un temporal- aseguró la chica, lanzándo el animal al suelo, junto a los pies del hombre -Es lo único que he podido encontrar. Habrá salido de su madriguera para buscar algo con lo que alimentar a sus crías-
-Un tajo certero- examinó el brujo mientras tomaba al animal
-Si, ya...- Nymeria se pasó el bolso por encima de la cabeza hasta soltarlo junto al fuego, el cual no dejaba de crepitar y dar calidez al ambiente a pesar de la nieve que caía -¿Que poción es esa?-
-Intenta averiguarlo- la retó el brujo mientras empezaba a trocear y limpiar al animal con su cuchillo, el cual siempre guardaba en el cinto. -Vista nocturna y adormecedora- añadió el hombre tras echarle un rápido vistazo a su alumna -Tienes los ojos de un cachorro pidiendo comida- Nymeria frunció el ceño tras sentirse examinada. La poción de vista nocturna hacía que se dilatasen las pupilas hasta que el iris fuese completamente imperceptible. Un efecto secundario meramente estético.
-Tengo hambre-
-Paciencia- Geralt despellejó al bollom con agilidad y cierta violencia, para, seguidamente, terminar de despedazarlo. Colocó los trozos de carne clavados sobre una rama larga y rígida que había buscado durante la ausencia de su alumna, y los colocó sobre el fuego. La llamas rodearon los trozos de carne ante la atónita mirada de la chica, quien comenzó a lanza vaho por la boca. 
-Vivez-
-No-
-¿Avivadora?-
-No-
-¿Avivador?-
-Ese es el que consigue que los miembros de los hombres se encuentren dispuestos-
-¿Entonces cual es?-
-Avivamiento-
-Sabía que el nombre era parecido-
-Pero te has equivocado ¿Sabes que hubiese pasado si hubieses arrojado una poción de vivez o una poción avivadora sobre el fuego?- la chica negó con la cabeza -Posiblemente nada. O puede que el fuego te hubiese atacado- explicó, sacando un trozo de carne de la rama y ofreciéndoselo a la chica. Nymeria sostuvo el trozo de carne como pudo, sintiendo que las yemas de los dedos le quemaban. Tanto como su lengua tras dar un mordisco al pedazo. -Aun te queda mucho que aprender-
-¿Cuanto más?-
-Eso solo podrás decidirlo tú- Geralt tomó un trozo de carne tras decir aquello, dejando a Nymeria ligeramente pensativa mientras ésta comía. 

El silencio que envolvió a ambos no tomó por sorpresa a ninguno de los dos. Tras diez años de travesía, enseñanzas y colaboración mutua con el brujo, Nymeria sabía que el silencio era algo de lo más normal en él. Ambos lo agradecían. Podían pensar, reflexionar e incluso meditar sin alejarse demasiado el uno del otro. Sin embargo, aquel silencio era de lo más extraño. Nym miró por el rabillo del ojo a su maestro, contemplado como estaba extrañamente abstraído y serio. -¿Que te ocurre?- Nymeria se sobresaltó al comprender que había sido pillada observándole.
-Me preguntaba en qué pensabas-
-En que apenas me quedan recursos para elaborar más pócimas. Necesito varias cosas y aquí, en Tremeren, en pleno Invierno Negro... va a ser complicado dar con ellas-
-Sí, claro- la chica aceptó aquella excusa, a sabiendas de que no era cierta. No era la primera vez que se quedaban sin hiervas, sin minerales o sin plumas de algún animal y Geralt no había mostrado aquella faz tan preocupada hasta entonces. Conocedora del carácter del hombre, decidió no preguntar más. Terminó de comer y se metió en la tienda. Aquella noche pasarían frío. Las lonas no cubrían lo suficiente y la pócima de avivamiento no duraría toda la noche. -¿No vienes?- preguntó la chica mientras se despojaba de sus armas.
-Dame unos minutos- Nymeria frunció el ceño y se resignó. Se recostó sobre una manta de piel de osorlo y cerró los ojos, dejándose atrapar por el sueño. Cierto era que conocía a Geralt desde hacía diez años, pero sentía... que sobre él, apenas sabía nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario