miércoles, 18 de julio de 2018

La cena fue pasando por las manos de los comensales hasta dar por finalizada la cena, que sin Nymeria, fue ligeramente más amena. No porque la chica molestara, pero el ligero ambiente de tensión y rechazo no se percibía en la sala. No obstante, Deckard sí que miraba de forma recurrente el asiento vacío de la chica incluso tras terminar la comida -Hijo ¿Tanto te preocupa la joven?- preguntó Danyel con las manos entrelazadas sobre la mesa
-No me gusta molestar, padre- dijo el joven rascándose la nuca con vergüenza
-No debes preocuparte en lo más mínimo, joven Deckard- concedió Geralt para tranquilizarle -Nymeria es, ante todo, una muchacha difícil de manejar. Súmamente complicada. Y este, por supuesto, no es su ambiente. No es culpa tuya. Ya estaba molesta de por sí, antes de que llegaras-
-No es que me reconforte oírlo, maese Geralt- suspiró el chico -No es plato de buen gusto que un invitado no esté a gusto en el hogar de uno-
-Por favor, nada de "maese"- Geralt negó con las manos -Rechazo esa clase de títulos. Tus padres bien lo saben-
-Ruego me disculpéis señor-
-Por los dioses ¿Es que estamos en un consejo de reyes? Podéis hablar con menos aires de grandeza, todos- se quejó Ermes, reclinado en el asiento
-Pero hermano, debemos hacer gala de la mejor educación que nuestros padres...- Ermes alzó una mano para acallar a su hermano menor
-No me sermonees. Eres menor que yo. Si tanto quieres vanagloriarte de tu educación, Deck, más vale que no me digas lo que tengo que hacer- el joven Deckard bajó la mirada intimidado
-Ermes...- se quejó Danyel -Respeta tú también la voluntad de tu hermano. Trata de hacerlo lo mejor posible. Hace mucho que no tenemos invitados-
-Siento no estar a la altura- sonrió de forma encantadora
-Me enfermais- suspiró Ermes poniéndose en pie y dando paso a su salida del comedor
-¿A dónde vas?- preguntó Danyel con media sonrisa en el rostro. Conocía bien a Ermes
-A respirar aire fresco. Aquí huele demasiado a corona- dijo risueño. Deckard también le veía marchar con una sonrisa. Geralt, por su parte, seguía masticando un trocito de pan
-Un buen muchacho este Ermes- indicó sin siquiera mirarle salir por la puerta
-Sí. Gruñón, sabiondo, con tintes agresivos, burlón y sátiro... pero con un buen corazón- tanto el rey como el brujo sabían bien hacia dónde se dirigía
-Me recuerda tanto a cierto insensato...- gruñó el brujo
-Y a mí, en ocasiones, a cierta encantadora reina- ambos se miraron y se sonrieron.

Hacía fresco en el patio, bastante. La fuente central estaba cubierta de hielo y nieve, pero Nymeria lo soportaba bien. Estaba sentada sobre un pequeño muro que rodeaba el patio que le llegaba a las rodillas. Se tanteaba la mano recién enguantada, añorando la normalidad de unos dedos no cercenados. Estaba rabiosa como un lobo herido y muerto de hambre. Tanto que le picaban los ojos, pero no lloraba. Ella, Nymeria, no lloraba ni lloraría, menos aún, porque un imbécil de alta cuna le había hecho revelar una malformación de su mano. Los dioses sabían bien que de haber podido, de haber sido un cualquiera sin derecho a trono y no le costase una decapitación, le habría pateado la verga hasta hacer de su polla un amasijo de carne sanguinolienta tan irreconocible como su inteligencia. Al meno sera guapo, porque de haberle faltado eso... -Diría que hace frío para estar fuera, pero para ti, con tu forma de ser, creo que sois tal para cual- rumió Ermes surgiendo de las sombras. Nymeria ni siquiera le miró -O parece que se te han congelado los oídos-
-Vete a la mierda, Ermes Tremere- gruñó la chica con voz rota de furia
-A uno se le queda mi nombre en la memoria con facilidad- comentó, paseando a espaldas de la chica con las manos cruzadas tras de sí -Ermes es un nombre que nunca me gustó demasiado. Suena a viejo sabio de barba cana y larga- Nymeria se mantenía en silencio -Qué te iba a decir...- musitó -¿A ti eso de chocar los cinco, como que no, no?- ante aquellas palabras, Nymeria reaccionó como un vendabal. Se bajó del murillo en el que se sentaba y aferró a Ermes del cuello de la chaqueta. Lo arrastró hasta una pared y le estampó de lleno la espalda contra el duro muro de piedra. El chico, contrario a la reacción típica, reía divertido -Sí, estás bien-
-¿Cómo que estoy bien, imbécil? Vuelve a burlarte de mí y no habrá guardia en todo tu reino capaz de protegerte- amenazó la chica iracunda
-Ah, venga ya. No me tomes por un principito prístino. Ese es Deckard. Yo me valgo por mí mismo- sonrió
-Sí, ya. Pues no te cuidas muy bien- amenazó Nymeria mirándole con ojos brillantes
-Ya, sí. Venga, va. Suéltame- ordenó pero la chica no obedeció. Le miraba fijamente, sin más -¿Me has oído? Te he dicho que me sueltes- Ermes borró la sonrisa de su rostro
-¿Te has parado alguna vez a pensar lo que dices?- reflexionó Nymeria sin soltarle. Ermes le miró sin comprender -¿Tú... eres consciente de lo que puedes hacer con unas palabras, principito?-
-No sé qué quieres decir-
-Ya lo veo- la chica le soltó de malas formas. La espalda de Ermes volvió a dar contra la pared -Dices que no eres un principito prístino pero te comportas como tal. Ese Deckard, tu hermano, al menos es cortés. Galantería típica de la nobleza, sí, pero es cortés. Tú vienes aquí, a sabiendas de que estás en tu hogar, y te burlas de mí. Te burlas de mi mano, cuando has presenciado claramente que no es algo que me enorgullezca- comentó ahogando el enfado, aunque era claramente notable -Puede que me corten la lengua, pero de verdad eres un mierdas. Siento mucho por tu madre el tener que encargarse de un tipo como tú. Tan mayor y te comportas como un pubescente desenfrenado- la chica se dio la vuelta para irse a otro lugar, pero Ermes la tomó del brazo y tiró de ella para que le mirase
-No vas a soltarme eso y te vas a ir como si fueras superior en moralidad-
-¿Eso es lo que te duele?- Nymeria tiró del brazo para soltarse -Lo que te fastidia es que alguien sea superior a ti ¿No es eso?-
-Lo que me fastidia es que todo el mundo tenga un punto débil tan fácil de explotar- dijo de pronto, sorprendiendo a Nymeria -Esperaba más de ti. Empezaba incluso a divertirme contigo cerca. Eres de las pocas personas que habla con claridad a mi alrededor y ahora resulta que una pequeña herida te cohibe y te hace huir- le señaló la mano -¿Es eso lo que eres? ¿Una persona desvalida más que se autocompadece y cree que tiene un gran motivo para sufrir en soldad, que nadie la comprende?- la chica no encontraba palabras para revatir
-¿Tratas de decirme entonces que has venido a "salvarme" de mí misma?- llegó a decir, con una risita sarcástica
-Sólo vengo a comprobar que no te has vuelto una demente sensiblera porque mi hermano haya sacado a relucir un, llamemosle, defecto- dijo haciendo comillas con los dedos -Tu reacción ha sido desmedida- Nymeria se miró la mano enguantada en silencio -No vayas a decepcionarme ahora- concluyó el muchacho.

Arriba en los aposentos de los reyes, Anyel reposaba en cama con una copa de vino en las manos. Geralt y Danyel la acompañaban, el primero en una silla y el segundo sentado en la cama junto a su esposa. Compartían recuerdos de antaño y reían tontamente sobre los momentos que, pese a la dificultad, pudieron disfrutar juntos -A veces quisiera volver atrás. Quizá podríamos haberlo hecho de otra forma sin tener que recurrir a una batalla tan grande- se lamentó Anyel
-Lo hecho, hecho está. Lo que cuenta es que ganamos. Thorren desapareció y su larga sombra abandonó los Cuatro Reinos- brindó Danyel
-Cierto- bebió Geralt con una sonrisa
-Sí...- la mujer miraba al brujo distraida -Oye... Geralt...-
-Dime, mi reina- inclinó la cabeza con diversión el brujo
-¿Desde cuando tomas aprendices?- preguntó de pronto, haciendo reir al brujo
-Eso. De haberlo sabido me habría ofrecido- inquirió Danyel
-¿Tú? ¿Y quién iba a estar junto a Anyel en los momentos difíciles? ¿Varrim?-
-Oh, mi buen Varrim- sonrió Anyel -¿Dónde estará?-
-Lo último que supe de él es que estaba reuniendo un ejército- comentó Geralt distraido
-¿Un ejército?- Danyel frunció el ceño
-De hijos- asintió Geralt risueño -Y hablo de hace muchos años. A saber cuantos tendrá ahora. El malnacido debe tener a Shera hecha una cueva andante-
-Qué zafio- rió Anyel, que acabó tosiendo. Danyel le acarició una pierna en señal de empatía
-En cuanto a Nymeria... Bueno, supongo que vi algo en ella. La encontré hace unos 10 años aproximadamente. Toda una pícara callejera. Increiblemente hábil e inteligente. Consiguió robárme una de mis pócimas sin que me diera cuenta-
-¿En serio? ¿El gran Geralt dejándose robar por una adolescente?- Anyel alzó las cejas, picándole
-Por eso es mi aprendiz. Porque pocos pueden lograr tal hazaña- brindó el brujo al aire. La reina se levantó de la cama con cuidado para estirar las piernas, caminando por la habitación
-¿Y ella ha sentido lo mismo que tú?- preguntó ella
-No. No es aún una bruja- Geralt se acabó la copa -No está preparada, todavía-
-¿Alguien más podría corroborar tus pesquisas?- inquirió de nuevo la reina, apoyándose en una ventana y mirando al infinito mar que se veía desde la alta torre del castillo
-No. Soy el último brujo que queda. Cuando Nymeria esté preparada, con la experiencia y la madurez necesaria, podrá llegar a sentir y ver el mundo tal y como yo lo veo- suspiró -Pero hasta entonces, tendrán que creer en mis palabras-
-Dura responsabilidad- añadió Danyel
-Estoy acostumbrado. Siempre solo- sonrió el brujo
-Ya no. Ahora tienes aprendiz- le palmeó el brazo Danyel a su viejo amigo. Nymeria bajó la mirada desde la ventana, sonriente. Entonces se le alegró ligeramente el corazón al ver una figura familiar acompañando a Nymeria en el patio
-Y... Geralt-
-¿Sí, Anyel?-
-¿Nymeria tiene algún pretendiente?- la reina le miró con interés
-A Nymeria sólo puede pretenderle Nymeria. Aún no he conocido fiera salvaje suficiente capaz de empatizar del todo con ella. Menos aún que pueda llegar a enamorarse, o enamorarla- concedió el brujo
-Ya veo...- Anyel se puso a acariciar el borde de la copa con el dedo, en círculos, con una sonrisa perversa pero divertida.


-No está tan mal, este lugar- confesó Nymeria tras un largo silencio -Me gusta el patio-
-Es de las pocas cosas buenas que tiene el castillo- Ermes se cruzó de brazos, contemplándolo
-¿Tampoco te gusta, eh?- ella le miró con desgana
-En eso nos parecemos un poco, tú y yo. Sólo un poco-
-Nunca he sabido de un príncipe que desdeñe sus orígenes. Vuestra vida es demasiado ideal- bufó la chica
-Lo ideal es lo que uno idealiza- reflexionó Ermes -Y no es esta la clase de vida que quiero. Lo siento por mi madre, pero no estoy hecho para ser rey-
-¿Y para qué estás hecho? ¿Para corretear río arriba hacia las montañas del norte?- comentó sarcástica la chica
-Sólo quiero ver qué hay más allá- confesó Ermes sincero, omitiendo el tono de su acompañante -No creo que sea mucho pedir-
-Siendo rey puedes hacer lo que te plazca- se quejó Nymeria
-Tú no conoces la vida de palacio. Desconoces los deberes de un rey, de formar parte de una corte. No es tan sencillo como vestir ropas elegantes y lujosas, tener denas para comprar todo lo que quieras y ejércitos que cumplan tus deseos más tiránicos, si los tuvieras- suspiró -Siempre estás bajo la mirada de alguien: de otros reinos, de tu séquito, de tu propia corte, de las casas nobles y, más aún, del pueblo llano-
-Ya ¿Vas a decirme que os preocupa lo que el pueblo piense de vosotros?- se ofuscó la chica
-Más de lo que crees. Al menos, mi madre y Danyel lo hacen. Y por ende, Deckard, mi hermana Merian y yo, lo hacemos- asintió
-Pues no te ha importado mucho fugarte y que piensen de ti que eres un irresponsable-
-Es porque no quiero esta vida- le sonrió y eso la ofuscó aún más
-No sé si me caes peor siendo un capullo o mostrando cierta madurez al hablar- comentó la chica, mirando distraida al cielo. Estaba empezando a nevar. Caía con suavidad y gracia, como una danza blanca que hechizaba los sentidos. Un copo cayó gracilmente en su nariz y la hizo menear la testa. Por alguna razón, se sentía algo más cómoda y menos a disgusto -Creo que se hace tarde- se volvió a poner en pie del murillo
-Sí... y si va a empezar a nevar, el frío va a ir en aumento- comentó Ermes descruzando los brazos y bostezando
-Ha sido fructífero- dijo la chica, echando a caminar
-¿Eh? ¿A qué te refieres?-
-Este pequeño momento de cháchara. Me ha enseñado algo valioso sobre ti, Ermes- le miró por encima del hombro. El príncipe frunció el ceño
-¿El qué?-
-Que en el fondo eres un blandito. Has venido a buscarme, a preocuparte por mí. Me has soltado unas palabras de motivación y ahora te quedas contándome tu vida- se encogió de hombros la chica -Supongo que te sentías solo ¿no?- sonrió llena de malicia. Ermes casi enrojeció de rabia. Nymeria había conseguido pincharle, aunque esas fuerzas renovadas para discutir y buscarle las cosquillas eran una grata señal de que estaba de mejor humor -De nada, Ermes Tremere. Ha sido un placer- dijo con rintintín -hacerte compañía-
-Serás...-
-Si vuelves a necesitar un hombro donde llorar ya sabes dónde estoy. Para no venir a buscarme, digo- dijo yéndose por fin, con la sonrisa aún en los labios, dejando solo al príncipe. Ermes suspiró pesadamente y miró la nieve caer un poco más antes de marcharse. Se descubrió, a sí mismo, con una leve sonrisa también en los labios.

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