El frío nocturno en aquellos montes del norte en pleno Invierno Negro no era en absoluto fácil de digerir, pero una vez más, la pareja sobrepasó la barrera de la muerte hasta ver el amanecer. Nymeria despertó bostezando pesadamente, pues el descanso no era precisamente el más adecuado para la clase de vida que estaba llevando junto al brujo durante tantos años. Él estaba en la misma posición donde lo dejó, sentado frente a la hoguera con rostro pensativo -¿En serio, Geralt?- el brujo la miró
-Buenos días- dijo el hombre sin más
-¿De verdad te has pasado toda la noche ahí?-
-¿Qué te hace pensar eso? He podido dormir y despertarme antes que tú-
-Bien cierto es que no te conozco demasiado pese a todo el tiempo que llevamos juntos- la chica suspiró, poniéndose en pie y saliendo al frescor de la mañana -Pero empiezo a descifrarte-
-Así que te fijas en mí- Geralt torció los labios en una sonrisa -¿Te gustan mayorcitos, Nymeria? De ser así me temo que he de romperte el corazón. No me interesas lo más mínimo en el ámbito sexual- a la chica se le encendieron los ojos por un momento pero consiguió aplacar el súbito arranque de rabia. Geralt no tenía término medio: o era el hombre más serio y despreocupado del mundo, o estaba de un humor excelente y hacía comentarios o bromas pesadas buscando molestar al personal
-Hoy has amanecido gracioso- concluyó la chica simplemente en lugar de regañar a su maestro ante tamaño comentario desafortunado sobre la sexualidad
-No me queda más remedio- Geralt se puso en pie y se sacudió la nieve y escarcha acumulada en su capa y rodillas -Venga, tenemos que irnos-
-¿A dónde?- Nymeria se acababa de sentar frente al fuego. Pudo observar atentamente que la madera era nueva. Geralt no debía de haber dormido y había estado manteniendo el fuego encendido constantemente
-A un hermoso lugar- dedicó un rápido vistazo al sol del amanecer, que despuntaba sobre las cumbres heladas de las montañas y denotaba una vista preciosa -Tengo que visitar a una vieja... amiga-
-¿Otra vez?- Nymeria se cruzó de brazos con tono aburrido
-No a esa clase de "amiga"- Geralt pateó la nieve de forma que le salpicó unos buenos trozos a la chica
-¡Oye!- se cubrió Nymeria
-Te he dicho que arriba. No te lo diré dos veces- pese a sus palabras secas y severas, lo dijo con una sonrisa en la cara. Nymeria le observó a través de sus manos salpicadas de nieve por el acto de su maestro y no pudo evitar esbozar una sonrisilla. A veces estaba bien que no fuese un vejestorio amargado con infulas y aires de grandeza. A veces, sólo a veces, estaba bien recueperar un aire relajado y desenfadado como en su niñez, aunque estuviese sola.
Brujo y aprendiz recogieron el tenderete y apagaron el fuego. Cargaron sus pertenencias en las alforjas de sendas monturas y comenzaron el descenso de las montañas, de nuevo, dirección al pequeño pueblo en la ladera, Turunes -¿Vas a decirme a dónde vamos o vas a mantenerte misterioso todo el viaje? ¿Vamos a tardar mucho?-
-Hoy estás habladora- señaló el brujo
-Disculpa si lo que quiero es saber hacia dónde me arrastra mi maestro-
-Vamos a Fuerte Albor, a Risco Azul-
-¿Y qué se nos ha perdido allí?- gruñó la joven -¿Quieres meterme en círculos de ricachones petulantes?-
-Ricachones petulantes...- Geralt soltó una carcajada -Sabes muy poco de este mundo, niña. Y aún menos de quienes viven en Risco Azul-
-Déjame adivinar...- se dio toquecitos sarcásticos en la barbilla, fingiendo pensar -Allí viven sus majestades y sus vástagos, las casas nobles, el Alto Clero de los Tres y sus Espadas Blancas... Nada petulante, nada con aires de superioridad ni que apeste a comodidades-
-Reafirmas mis palabras... no sabes absolutamente nada de quién vive allí- la sonrisa desapareció del rosto del brujo y Nymeria pensó que quizá era buena idea dejar de molestar con sus preferencias. Sabía que Geralt conocía de sobra lo poco que le gustaba la corona, la nobleza y sus pomposas actitudes y costumbres... pero debía de ser importante si de pronto se lo tomaba todo tan a pecho.
Llegaron al pueblo por fin y observaron los alrededores. Al ser de buena mañana, los campesinos estaban preparando todo para una nueva jornada de trabajo para ganarse un buen jornal. Incluso las bellas y jóvenes mozas del burdel empezaban a asomarse por las ventanas, despeinadas, desmaquilladas y perezosas, saludando vagamente a los hombres que en unas horas irían a ponerlas en varias posturas diferentes con un afán distinto al deportivo -Ya sabes lo que tienes que hacer-
-"Ojos abiertos, boca cerrada, oído afinado y sentidos afilados. Busca, escucha y actua. Encuentra necesidades y conviértete en la solución. El dinero llegará solo"- recitó la chica de memoria con los ojos en blanco
-Exactamente- Geralt descabalgó y dejó al caballo atado en un poste frente a la taberna, seguido por Nymeria
-¿Y tú?-
-Voy a hacer lo mismo-
-En la taberna- asintió la chica
-En pocos lugares se encuentran distintos problemas como en una taberna- Geralt agitó la mano -Anda, márchate de una vez. Necesitamos provisiones y no las vamos a poder comprar de charleta y discusiones. El viaje a Risco Azul nos tomará un par de semanas como mínimo siguiendo el cauce del río- Nymeria suspiró
-Sí, señor...- comentó aburrida antes de echar a caminar ¿Dónde podría empezar a buscar?
De paseo por Turunes, se encontró con el tablón de anuncios y con el pregonero al lado del mismo. Ya llevaba un buen rato escuchando las conversaciones de los vecinos y todos tenían problemas que resolver, pero nada que un brujo y una aprendiz de brujo pudieran hacer o al menos, ganar dinero por ello ¿Que el perro se ha comido las gallinas del vecino? Nada ¿Que Fiodr le habían salido unas hemorroides terribles? Podían solucionarlo, pero no les pagarían prácticamente nada cuando de eso se ocuparía mejor un médico que unos "curanderos charlatanes" ¿Y el disgusto de Areta Votress sobre que su hija Anais se había encoñado por Ursula, la hija del ganadero, y no le daría nietos si les daba a ambas por comerse mutuamente los bajos? No, no era precisamente algo que necesitase un "arreglo" ni existía semejante tipos de arreglos. Sólo quedaba el tablón de anuncios -¡Nuevas, nuevas! ¡Las nuevas del pueblo, las nuevas del pueblo!- vociferaba el muchacho campana en mano -¡Nueeeeevas del pueeeeeeblo!-
-¿Qué se cuece?- preguntó Nymeria rascándose la nuca con pereza
-¿Qué se va cocé?- preguntó el muchacho -Los poblemas de siempre, haylos a pare- la chica intentaba comprender con ojos perdidos el habla del muchacho -Ascucha, yo no te viere por aquí enantes ¿no?- le sonrió el chico -O no fuere tu la hija de Al-alah-al, el renegrío aquel de los Arabases-
-¿Arabases...?- la chica ladeó la cabeza -¿Arabas, dices? ¿El reino del este?-
-Ese, ese, los estes-
-Creo que te equivocas-
-Ay neña yo no me equivocara nunca ¿Que non es tu padre así largo y negro como el cimbrel de un purasangre?-
-Yo...- fue a dar un paso atrás cuando tropezó con alguien que pasaba por sus espaldas -Ah, lo siento- dijo antes de mirarle por el rabillo del hombro. El muchacho tenía mal aspecto. Parecía un delincuente y caminaba a toda prisa. Ni siquiera la miró ni le dijo nada -Vaya educación...-
-Eh- una voz la llamó desde lejos mientras el chico desaparecía por una esquina -Vosotros- Nymeria torció la cabeza para ver a un grupo de soldados armados que se acercaban con sus elegantes trajes de cuero negro -¿Habéis visto a este tipo?- llevaban un papiro en la mano en el que había dibujado en carboncillo el rostro de un muchacho muy, muy familiar para Nymeria. Y tanto, como que era a quien acababa de ver. Una luz brilló en su mente
-No estoy segura- mintió -¿Es peligroso?
-Mucho- aseguró el soldado -Tenemos en cuenta que es un bandido con bastante experiencia, incluso navegando. Huyó desde Fuerte Albor río arriba y sospechamos que no debe andar lejos-
-A'po'tonces debiere valer buenos denares su cabolo- dijo el pregonero
-Sí... buenos denares- el guardia compuso un gesto extraño y miró a sus compañeros -Creo que debemos seguir buscando. Si veis algo, haced el favor de avisar a la guardia lo más pronto posible. Es muy escurridizo y desconocemos qué puede hacer en el siguiente movimiento-
-Sí, señor- asintió Nymeria viendo junto al pregonero cómo se marchaban
-Po a como te viniera diciendo... ¿Eh?- la chica no estaba. Desapareció. Invisible, como un fantasma -Ay mi madre...- el pregonero miraba a todas partes, sorprendido ante el cómo la chica ya no estaba frente a él -Esto es cosa de embrujás... ¡Cosas de embrujás!- tomó su campanita a toda velocidad y huyó despavorido del lugar.
Corriendo a todo lo que le daban sus pulmones, la chica seguía el rastro del muchacho. Los guardias habían dicho que había huído río arriba desde Fuerte Albor, de manera que no era de extrañar que aquellos pequeños restos de barro que había por el camino se fueran desprendiendo de sus botas. Continuó tras el camino hasta que llegó a un callejón algo más silencioso del pueblo, donde dejaba de ver si había más trozos de barro seco esparcidos por ahí -Iré a por Geralt...- masculló dándose la vuelta
-¿A por quién?- se dio de golpes contra el pecho del hombre al que estaba persiguiendo. Antes de poder reaccionar, el forajido la tomó de un hombro y le tapó la boca con la otra mano, metiéndola de lleno en el callejón. En la penumbra, la acorraló contra la pared y la miró muy de cerca a los ojos -¿Por qué me estás siguiendo?- Nymeria le miraba simplemente -¿Quién eres tú?- la examinó bien -No eres de la guardia, no eres de Fuerte Albor. Nunca te he visto allí ¿Por qué me sigues?- le destapó la boca
-Te chocaste antes contra mí y no me pediste disculpas- contestó ella sin más
-¿Crees que soy tonto o algo parecido, niña? Nadie sigue a otra persona en busca de una disculpa- la agitó, golpeándola contra la pared -No vas a seguirme, ni tú ni nadie. No vais a arrastrarme de vuelta a Fuerte Albor a vuestra voluntad- gruñó el hombre y Nymeria comenzó a toser ante el golpe en la espalda -¿Qué te pasa? No te he dado tan fuerte-
-M-medicina... Mi medicina...- tosía y tosía. El forajido aflojó el agarre y aquello le dio luz verde a Nymeria -Déjame tomármela. Por favor. El golpe. Me ahogo-la chica buscaba notablemente en su cinturón, indicándole al atacante que la llevaba encima
-Bien, vale. Tómatela y lárgate de aquí si no quieres aprender a las malas- la soltó y Nymeria aferró el pequeño frasquito que buscaba. Instintivamente y con una velocidad endiablada, lo arrojó a los pies del criminal y estalló en una nube de niebla lilacea.
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