La silueta del reino se dibujaba a contraluz con el mar de llamas que envolvía las ruinas de la, antaño, poderosa y emblemática ciudad. Los gritos desgarrados por miedo, furia y sufrimiento se alzaban al aire y danzaban con las columnas de humo insondable, impidiendo discernir a las amenazas aladas que circundaban sobre las cabezas de las huestes que combatían, acero contra acero, a los pies del reino caído -¡Acabad con ellos!- gritaba un muchacho joven de cabellos rubios y escasa barba, alzando una señorial espada y con su armadura reluciente teñida de sangre -¡Que ninguno quede vivo!- clamó, haciendo que sus hombres clamasen vítores hacia la victoria. Sobre todos ellos llovía un sin fin de ceniza, como si fuese nieve muerta, gris
-¡Thorren!- la voz de su hermano Harrim le alcanzó desde detrás, acompañado por un pequeño grupo de elfos -Tenemos que retroceder y dar paso a un nuevo grupo
-Estás loco si crees que ahora es el momento de retirarse- frunció el ceño
-Los heridos se cuentan por miles-
-¡En todas las guerras hay bajas, Harrim!- alzó el puño iracundo -Pero esta la ganaremos nosotros. Los reinos unidos daremos muerte a estos bastardos escamosos y escupefuegos-
-No si continuamos. Escúchame, hermano- Harrim tomó por el hombro al rubio -No quiero perderte hoy- la mirada de Harrim brillaba con súplica
-¿Confías en mí?- dijo Thorren tras suspirar pesadamente. Tras él, Harrim podía ver el mar de espadas entrechocando. Tremere, elfos, enanos, gentes de Orien, guerreras y guerreros de Arabas... todos unidos contra el temido Quinto Reino
-Sí, Thorren, pero...-
-Hoy volveremos junto a padre como vencedores en esta batalla. Y dentro de un tiempo, de la guerra- Thorren se dio la media vuelta, dejando atrás a su hermano, y cargó hacia la batalla. Allí, Harrim dirigió una rápida mirada hacia la retaguardia, donde pudo distinguir la silueta de Narie mirándole con preocupación. La guerra estaba durando largos años y ya estaban, por fin, en territorio enemigo. Sin embargo, ella... y él... Harrim cerró los ojos y bajó la cabeza con un pesado suspiro
-¿Lord Harrim?- preguntó uno de los elfos -La Dama Narie estará bien-
-Arwyl...- ambos se miraron a los ojos
-En nombre de la paz, heredero de Tremere- asintió el elfo, animando al humano
-En nombre de la paz, hermano elfo...- Harrim miró hacia el frente de batalla con determinación y alzó su espada para seguir a su hermano Thorren hacia la batalla.
Días de campaña más tarde, por fin, Draugur Drake se vio acorralado en la sala del trono de Drakhal. Allí, se enfrentaba a solas contra los hermanos Tremere con toda su habilidad. Thorren y Harrim habían oído hablar de mil historias que narraban la habilidad de la familia Drake en el combate, pero jamás imaginaron que esa clase de leyendas fuesen tan ciertas. Pese a todo, los dos combatientes se sabían manejar lo bastante bien y Draugur estaba lo bastante cansado de tantos años de guerra que terminó por sucumbir y huyó hacia las almenas, donde Thorren le siguió tras dejar a Harrim herido bajo la espada del monarca drakano. Allí arriba, el panorama no pintaba nada bien para el pueblo drakano. Pocos quedaban con vida protegiendo las puertas del reino, pues la mayoría había decidido huir, dando paso a una persecución a gran escala para destruir a los supervivientes. Draugur pudo observar allí arriba cómo su amigo y compañero de vidas, Kalumr, su dragón, caía a manos de la magia élfica más poderosa, ejecutada por Narie y sus elfos -Ten honor, drakano. Ríndete y puede que sea rápido- jadeaba Thorren, cansado y con la cara llena de quemaduras y heridas
-Rendición...- sonreía Draugur -Rendición no es ni lo último que se me pasaría por la cabeza, Tremere- el rey drakano dio mediavuelta, anciano como era, con su capa negra ondeando al viento igneo de la calamidad -Aún no soy el último-
-He oído sobre tu hijo, Draumar- asintió Thorren -No te preocupes, caerá. Todos caeréis. Con el tiempo-
-¿Quieres saber algo? Me gusta tu forma de mirarme, muchacho- aquellas palabras arrancaron una sonora carcajada de Thorren, que empezó a caminar hacia Draugur
-¿Crees que vas a encandilarme? Eres hombre muerto y eso no cambiará- alzó la espada amenazante
-Estás perdiendo el tiempo- negaba con la cabeza -Tú estás aquí, mientras el otro está luchando por ponerse en pie en la sala del trono ¿Verdad?- bufó, burlesco -Y me pregunto quién de los dos es el heredero-
-Cállate- gruñó Thorren
-Puedo verlo, oh, sí... Cada paso que das me muestra un poco más la verdad- empezó a reir el drakano
-¡Cállate!- la espada de Thorren alcanzó el cuello de Draugur... pero no le hirió. Se quedó helada acariciando la piel del anciano rey
-Tienes ambición...- Draugur agarró la espada del muchacho con la mano, cortándose y sangrando sobre la hoja -Esa ambición puede llevarte lejos bajo la tutela y el consejo adecuado-
-¿Crees que voy a hacer caso a un hombre a punto de morir? Dirás cualquier cosa por salvar el pellejo-
-¿El pellejo? Muchacho... los dragones tenemos mucho más que pellejo- masculló con voz siseante, amenazante -Sin nosotros el mundo está destinado a perecer. Somos la estirpe definitiva, muchacho, somos el máximo eslabón de poder que mantiene a los Cinco Reinos unidos-
-Sois unos tiranos- Thorren apretó la hoja contra el cuello del anciano -Por eso os hemos traido el fin-
-Vosotros sois los cobardes. Las ratas se unen en manadas para poder abrirse camino cuando los gatos aguardan en las entradas de sus madrigueras ¿Quieres ser una rata toda tu vida, o te gustaría probar el poder de ser un gato?- Thorren lo miró a los ojos largo rato en silencio -Sí... eso es-
-¿De qué sirve el poder si algún día se perderá, como tu reino, Draugur?- escupió Thorren rabioso -No haces más que balbucear sandeces sin sentido-
-Toda mi vida, toda la vida de mi estirpe y del clan de los Drake, hemos estado buscando la forma de superar nuestra misma existencia... ¿Y si te dijera que existe una forma de vivir para siempre, hijo?-
-Eso es imposible- negó el rubio con la cabeza
-¿Lo es...?- las carcajadas de Draugur tronaron en las almenas -Nada es imposible en este mundo-
-¿...Es posible aprender ese poder?-
-No para un simple humano- los ojos de Draugur destellaron con el color del fuego y el infierno -Y mucho me temo que vas a tener que merecerte el derecho a descubrirlo-
-¿Qué...?- Thorren apartó la espada de Draugur -¿Qué has hecho? ¿¡Qué estás haciendo!?- miró su propia espada. Se estaba corrompiendo, oxidando, tornándose negra. Una ligera vibración llen´el ambiente
-Por los años venideros, yo os maldigo. A todos los aquí presentes, a todos cuantos habéis osado pisar nuestras tierras y derramar nuestra sangre. A todos cuantos están por nacer: Los vientos os traerán las imágenes de las peores pesadillas. Las alas de nuestro legado traerán la noche y quemarán vivos todos vuestros sueños y anhelos futuros. Los dragones ¡Los dragones anidarán sobre vuestros huesos calcinados!- se desgañitó -¡Y será el mismo viento quien los traerá a vosotros para recordaros los pecados que habéis cometido aquí!- la espada de un asustado Thorren cayó con todo su peso sobre el cuello del rey anciano, despojándole de toda vida, de toda existencia. La sangre comenzó a manchar la piedra y a recorrer las pequeñas aberturas que había entre cada una que conformaba las almenas. El silencio le pesó al rubio como una gran losa sobre los hombros
-Cállate, cállate, cállate...- mascullaba una y otra vez, con el ceño fruncido -Calla de una maldita vez...-
-El camino ha sido señalado- dijo una voz oscura tras él. El muchacho se giró para encontrarse con una figura encapuchada y de rostro ensombrecido a sus espaldas
-¿Quién eres tú?-
-Soy cada una de tus ambiciones hechas realidad- dijo la voz de forma perturbadora -¿Qué es lo que anhelas, Thorren de Tremeren?
-¿¡Thorren!? ¡¿Estás bien!?- Harrim llegaba poco a poco, despacio, hacia donde su hermano. El rubio contempló su obra. Había acabado con el rey de los drakanos, mientras que su hermano, el sucesor, no podía siquiera mantenerse en pie por sí mismo con total soltura. Recordó entonces las palabras de Draugur Drake y miró al encapuchado
-Si de verdad eres la personificación de mis ambiciones... tenemos mucho de qué hablar- dijo con pesar, rabia y envidia en su voz. El encapuchado entonces se quitó la capucha y reveló el rostro de un furioso y gigantesco dragón, que bañó con fuego y calamidad a toda la vida que existía en el mundo.
Entonces, Geralt despertó.
-¿Estás bien?- la suave voz de la doncella que le acompañaba, junto a su frágil y blanca mano, le ayudó a espabilarse. La muchacha acariciaba su torso desnudo mientras le miraba con ojos curiosos. Era toda una joven belleza. Sus cabellos rojos enmarañados en una marabunta de rizos hacían un gran juego con su piel morena y sus graciosas miriadas de pequitas que sembraban su nariz, rostro, hombros y parte de sus pechos desnudos
-...Creo que ha sido una pesadilla- comentó el brujo, irguiéndose en la cama -¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo ha pasado?-
-¿Ya has recargado?- la chica torció media sonrisa pícara en su rostro
-No es eso, es...- Geralt miró a través de la ventana y vio la luz del atardecer. La noche no tardaría demasiado en llegar -Ah... maldición- bufó molesto y procedió a vestirse a toda prisa
-¿Ya te vas?- la muchacha ni siquiera se preocupaba en taparse con las sábanas
-Tengo asuntos que atender Aela-
-¿Vas a volver? Pronto, quiero decir-
-No lo sé- terminó de ponerse las botas y cogió su capa de piel de lobo blanco que se echó por encima
-Han pasado semanas desde la última vez. Te he echado de menos...- la pelirroja frunció los labios
-Aela...- Geralt la miró con ojos serios y felinos -¿Eres consciente de que soy un cliente y tú una puta, verdad?-
-Me gusta jugar a la mujer despechada y solitaria- encogió la nariz de forma graciosa -A veces funciona ¿sabes? Más de uno ha dicho incluso amarme y que dejarían a sus mujeres por casarse conmigo-
-Interesante, sin duda- Geralt dejó unas cuantas monedas sobre la mesa y se dispuso a partir
-Oye, lobo blanco- llamó con gracia la chica antes de que el hombre se marchara -De verdad que te estaré esperando. Contigo siempre es diferente. Es como si supieras hacer siempre algo diferente. Magia pura-
-Eso dicen a veces...- se mofó el brujo antes de partir y dejar a la chica a solas.
Cuando salió del burdel, el viento le golpeó con una brisa agradable, pero fría. Extrañamente fría. El brujo inspiró con delicadeza y saboreó en sus sentidos cuanto le podía contar la propia naturaleza... y no le gustó lo que percibió, como tampoco le gustó aquella extraña visión que tuvo por sueño. La Guerra de los Dragones, y ahora el viento le traía el aroma de madera quemada y cenizas lejanas. De forma instintiva, se llevó la mano al colgante antiguo pero cuidado que llevaba al cuello desde hacía 35 años. El collar emblema del Concilio de Tremeren. Se sintió muy aliviado al ver que no emitía vibración ni mala energía alguna, lo cual significaba que todo estaba bien ¿Se estaría equivocando? ¿Quizá estaban fallándole sus sentidos? Ya encontraría respuesta a esas inquietudes, pues llegaba tarde al punto de reunión con la chica. Esperaba que Nymeria aún no hubiese llegado y que si lo había hecho, al menos, no se pasara de lista. Él era el maestro, a fin de cuentas. De manera que empezó a caminar hacia la ladera de la montaña donde dejaron montado el pequeño campamento.
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